Deja que hablen de ti

La gente siempre hablará. Deja que hablen. Concéntrate en el lugar al que te lleva Dios y confía en que Él despejará tu camino.

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La dinámica de los personajes se convierte en algo esencial para disfrutar de Que hablen todos. Las interacciones de Streep, Wiest y Bergen, magníficamente interpretadas por el conjunto, están cargadas de historia. Y dado que la sustancia de sus conversaciones son en gran parte improvisaciones extraídas de las breves historias de Eisenberg, es aún más impresionante de contemplar.

Cada mañana en el barco, Alice y Tyler se despiertan para desayunar, hablar del programa del día y de lo que ocurrió la noche anterior, y ese fue el verdadero desayuno que compartieron Streep y Hedges. Susan y Roberta deambulan por el barco o juegan a un juego de mesa como el Scrabble o el Monopoly, normalmente hablando de Alice. «¿Siempre hablaba así?», se preguntan, refiriéndose a la manera afectada y autosuficiente de Alice.

En su conversación casual, Susan revela detalles sobre su pasado salvaje, aún no revelado. Roberta, que tiene un trabajo ingrato como dependienta de una tienda de lencería, admite sus segundas intenciones: está en una misión de búsqueda de oro, ya sea consiguiendo algún pasajero rico o culpabilizando a Alice para que le compense. Al ver «Que hablen todos», me vienen a la mente algunos otros títulos: La película de Olivier Assayas del año pasado, Non-Fiction, sobre relaciones enredadas en la industria editorial, y Deconstructing Harry 1997, la comedia de Woody Allen sobre un escritor que toma prestado sin escrúpulos de su propia vida, completarían una trilogía de películas de temática similar que se detienen en la responsabilidad artística al extraer el drama personal en busca de oro literario.

El estilo de Soderbergh tiene más en común con el primero. Se mantiene al margen con un enfoque tranquilo y discreto, reduciendo al mínimo el equipo y la tecnología. Wiest dijo a Entertainment Weekly que Soderbergh se movía por el barco con su cámara utilizando una silla de ruedas; una vez más, utiliza su alias, Peter Andrews, como director de fotografía, y su otro alias, Mary Ann Bernard, como editora.

Cada año, más o menos, Soderbergh realiza este tipo de operaciones en solitario. Rodó Unsane 2018 y High Flying Bird 2019 utilizando iPhones, y antes de eso, ayudó a ser pionero en películas grabadas y distribuidas digitalmente con Bubble 2005. La historia de «Let Them All Talk», escrita por Deborah Eisenberg, consiste en la creación de historias.

Se centra en Alice Hughes, interpretada por Streep, una célebre novelista neoyorquina que tiene problemas con su nueva novela. Alice ha ganado un prestigioso premio británico que su nueva agente, Karen Chan, quiere que vaya a recoger, por motivos de publicidad. Alice se resiste a volar, asà que Karen le organiza un viaje en barco, y Alice invita a un trÃo de invitados a acompañarla: sus viejas amigas Roberta Bergen, que trabaja en el departamento de lencerÃa de unos grandes almacenes de Dallas, y Susan Wiest, una abogada de Seattle que representa a las vÃctimas de la violencia doméstica, junto con su sobrino Tyler Lucas Hedges, un estudiante incipiente de Cleveland, que será su factótum.

También hay un invitado misterioso, John Douglas Thompson, que acompaña a Alice a distancia y al que Tyler espÃa saliendo de su habitación por las mañanas, y la propia Karen, que sube al barco sin que Alice lo sepa y planea acercarse a ella, en el transcurso de la travesÃa, para que le hable de su próxima novela, de la que no ha revelado nada. La prosa visual de Soderbergh no tiene nada de espuma de poliestireno: haciendo su propio trabajo de cámara, bajo el seudónimo de Peter Andrews, se deleita en las superficies relucientes y en las poderosas líneas arquitectónicas, en la iluminación chillona y en la grandeza cavernosa, en la mezcla paradójica de lujo ostentosamente superficial en medio de los asombros naturales envolventes del mar y el cielo. Sin embargo, la trama de «Que hablen todos» es tan enigmática como un potboiler, y depende, dramáticamente, de no tener punto de vista.

Aunque Alice es el personaje principal, la película nunca entra en su mente, salvo dos excepciones rápidas e intrascendentes, una al principio y otra al final. La visión de Alice, e incluso su conciencia, de su deuda literaria con Roberta no está clara; su relación con el huésped misterioso no está clara; el tema de su nueva novela, en la que trabaja diligentemente durante todo el viaje, no está claro. Los personajes de la pelÃcula existen sólo en la medida en que sus relaciones encajan, como las muescas de las piezas de un rompecabezas.

Las ambigüedades de la historia son facticias; la película depende en gran medida de lo que Alice sabe claramente pero no revela, de lo que los que la rodean intentan adivinar a partir de los fragmentos de información que extraen, espían o roban. La paradoja de lo personal impersonal es el rasgo que define el arte de Soderbergh. En general, sus películas se componen de tendencias artísticas opuestas: una de hacer películas de forma espontánea, ligera, con sus dos manos y un pase artesanal

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